Santiago de Chile. Revista Virtual. 
Año 3
Escáner Cultural. El mundo del Arte.
Número 26.
12 de Febrero al
12 de Marzo de 2001.

 

A MODO DE PRETEXTO
(O ESTO NO PARECE ESTAR BIEN Y PUNTO)

Desde Chile, Gonzalo León

Tengo una resaca acumulada de varios días. En realidad, yo no debería beber. Soy epiléptico, pero algo me mueve a destruirme. Y aquí no responsabilizo a mis amigos ni a nadie en particular, sino que a mí mismo. La soledad es difícil de soportar. Quizá por eso últimamente me junto con idiotas de primera categoría. Al estar con ellos me siento mejor, me olvido de mí. Creo que cualquiera es mejor que yo, recuerdo que le dije a uno de los dos amigos que tengo, y recién ahí él comprendió por qué me juntaba con esos pelmazos, y por primera vez se dio cuenta de que yo también sufría. Que me cuesta soportarme a cada rato, que los errores me suceden y que no atino a nada. Estoy como pasmado, como aquella gente de izquierdas que con el Golpe Militar de 1973 dejó de vivir sin haber muerto. Para muchos, los relojes y los calendarios fueron requisados o destruidos ese mismo 1973...

Esto no parece estar bien...

Después de seis meses llamé a una puta a mi departamento. Estaba ebrio y caliente (no en ese orden precisamente); y cuando la puta me hablaba -recuerdo que era poeta, que escribía todos los días y que estaba intentando hacer una obra de teatro con lo que realmente les pasa a las putas en el oficio-, yo no le prestaba mucha atención, solamente la desvestía, y cuando me dijo que muchas veces le habían dado ganas de matarse, le terminé de quitar toda la ropa y la penetré una y otra vez. La callé para siempre...

Esto parece que no está bien...

No soy un buen tipo. Pese a ser simpático, alegre, chispeante, buen amante, culto y hasta compasivo, estoy podrido por dentro. Algo en mi interior se deshace como un helado y en realidad no sé qué es. Sólo me percato de que tiene un sabor amargo. ¿Producto de mi incipiente alcoholismo? Puede ser, pero lo cierto es que algo se pudre en mi reino. Me gustaría saber qué es,... digo, para remediarlo. Pero si logro enterarme sobre lo que anda mal, no creo que esté en condiciones mentales ni menos sentimentales (la voluntad de la que hablaba Fitzgerald al sobrepasar los treinta años) de remediar nada por el momento.

Lo más patético de todo es que no se me notan las arrugas de la muerte. Soy un gordito buena onda que recuerda cosas horribles, pero que no sabe si son ciertas...

Esto parece que no está bien...

Quizá, como dice uno de esos tipos con quienes me reúno, si olvidas ese ser llamado Gonzalo León, tan exigente con las mujeres, me sería más fácil vivir con una buena mina, y eso, mi amigo León, te haría muy bien. Pero lo cierto es que soy demasiado tímido y cobarde (¡COBARDE es la palabra!) para enfrentar a la mujer que amo.

Pero no sé si alguna vez haya amado a alguien; lo dudo. He tenido tendencias que en algunos momentos de mi vida me han señalado a ésta o a esta otra. Frente a ellas, dos o tres en mi vida, siempre he hecho lo mismo: me he alejado... de Mónica, de Flavia, de Eugenia (aunque ella fue la que, en definitiva, se alejó de mí)...

Esto parece que no está bien...

La otra vez hablaba con mi madre, quien para su infortunio (siempre lo ha considerado así) no completó sus estudios secundarios, y se preguntaba cuál era el rol de los artistas porque, aparte de las teleseries y de vagar y tomar mucho, no veía un aporte concreto y contundente a la sociedad. Le respondí lo que siempre he creído que los artistas buscan verdad y belleza, aspectos esenciales e inherentes a la naturaleza humana. Bueno, eso y ese extraño afán por la autodestrucción...

-Esta búsqueda -recuerdo que le dije a mi madre- es el carné de identidad para ser humano. Es esto lo que nos diferencia a los demás animales; porque ellos también piensan, pero eso sí son incapaces de crear; no pueden convertirse en pequeños dioses con capacidad para soplar vida a sus obras.

Mi madre se sorprendió con mi respuesta y recuerdo que yo también. Por esos días, yo estaba trabajando en esta novela (en transición, como la llamé de un comienzo) y no sé,... me creía artista, escritor, y por tanto hablaba con propiedad y hasta con aplomo del asunto. En esos días estaba seguro de lo que estaba haciendo; hacia dónde iba lo que estaba escribiendo.

Sin embargo, ahora, cuando pienso que por fin está terminado esto, que es un libro de narrativa y no precisamente una novela, se me viene a la mente una frase muy recurrente: ESTO PARECE QUE NO ESTÁ BIEN. Sé que puede ser esa intuición que todos tenemos y que nos hace decir frente a cualquier creación propia Mmmhh, no sé, pero esto no está bien y segundos después apretar la tecla Borrar de tu PC, pero también esta frase puede ser fruto de la inseguridad con que todo artista -hasta el más malo- enfrenta el final de su obra.

No sé. Pero la única respuesta que se me ocurre a todas estas interrogantes que se me agolpan en la mente ES que en este PRESENTE -en este verano que me derrite y con la podredumbre que tengo aquí dentro- lo único que importa es terminar o concluir lo que uno ha empezado. Y es aquí cuando me doy cuenta de que uno siempre tiene algo que terminar, aunque no sea la novela planificada, aunque se trate de un fracaso.

 

Si desea escribir a Gonzalo León puede hacerlo a: gozalo@ctcinternet.cl


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